ALBERT BOADELLA
EL BARÓMETRO TELEDEUM


Sin publicación. 13 de octubre 1986

 


Para un actor lo más importante es conseguir que su personaje provoque la alucinante sensación de la existencia real. Para un dramaturgo lo esencial será conseguir que su obra traspase las paredes del teatro y por consiguiente que la farsa se transforme en realidad a través de la reacción de les sectores sociales que se sientan tocados por la ficción, lo segundo no puede darse generalmente sin lo primero y no hay duda que ambas cosas se dieron en Teledeum. Pero el mérito en este caso está sobretodo en la sociedad española, una sociedad todavía vibrante en el interior de la comunitaria somnolencia europea, una sociedad capaz de creer que el teatro es también vehículo de injurias, profanaciones y transgresiones, o sea un arte capaz de transformar y por tanto de modificar lentamente el comportamiento del personal.
No merecíamos tanto honor, tengo que confesar que no fuimos tan lúcidos como para preveer la magnitud de las reacciones ante lo que estábamos creando, tampoco se puede afirmar que actuáramos con una absoluta inconsciencia, pues hay un detalle que Els Joglars valoran cada vez más, y que ha sido detonador en varias ocasiones de fenómenos parecidos: el pensar que nos dirigíamos a una sociedad que ha permanecido impermeable a la modernidad (muy a menudo producto de frivolidad) y que rascando ligeramente por encima de la pátina demócrata constitucional aparecen con fuerza inusitada sus más ancestrales fetiches. Hacer teatro en este país sin tener en cuenta este detalle, es trabajar para marcianos o para cuatro cultos caballeros que han confundido el lugar sagrado donde se ejecuta el rito pagano teatral con una tertulia donde se citan bellas frases ocurrentes pero en general teñidas todas de claves propias y herméticas, para aquellos que no forman parte de este elegante club privado. El teatro es para la mayoría de los ciudadanos como una logia masónica.
Teledeum coloca a Els Joglars en una posición clara frente a la sociedad española de la misma forma en que lo hizo en su día La Torna, y pongo especial acento en esta situación porque me parece imprescindible que el artista tome una posición en su propia sociedad, no me refiero naturalmente a un posicionamiento político, que sería simplemente un detalle anecdótico, me refiero al estar en conflicto con la propia sociedad o por lo menos con algunos sectores de ella. No puede existir artista y menos en teatro sin un conflicto interior que se traduzca en exterior. La opción de representar "el repertorio" no es más que una actitud de viles comerciantes de la cultura y tenderos del arte muy acorde con el momento en que vivimos, donde todo conflicto es susceptible de ser tildado de terrorismo, donde las formas más dispares se tiñen del mismo color dentro del baño de gel democrático europeo. Pero nada tan opuesto a la democracia como las expresiones artísticas, el arte es una auténtica dictadura de los sentidos, es feroz, terrorista, cruel, incordiante, incoherente, blasfemo, iconoclasta y a veces barbitúrico, podríamos añadir un sinfín de adjetivos que hacen de sus practicantes auténticos "maquis" entre la somnífera paz de las urnas.
Hay que conseguir de nuevo para los comediantes la histórica persecución, hay que conseguir que los gobiernos se averguenzen de nosotros y desaparezcamos como departamentos de los Ministerios o de las Consejerías de Cultura para pasar a formar parte de un problema del Ministerio del Interior. Sólo así quedará un nuevo teatro que ponga en entredicho el culto espectáculo que se ha venido realizando en nuestra propia casa desde hace cerca de trescientos años. Sólo el riesgo nos traerá de nuevo el público que espera inconscientemente que sus comediantes se comporten como tales, pero no se trata únicamente de riesgo económico que es el único que exhiben los tenderos cuando hablan de riesgos, se trata del riesgo social, el de estar en las listas negras y ¿por qué no?, el riesgo físico, como nuestros antepasados que tenían que salir corriendo del escenario para salvar su integridad física.
Desde este punto de vista, Teledeum nos abrió de nuevo las puertas del conflicto, pues hay sectores que van a por nosotros y esto es un lujo que no da posibilidad al paso atrás. Hemos encontrado la drogadicción en las diatribas del "A B C", en las homílias cardenalícias, en los comentarios viciosos de la progresía que nos trata con suficiencia paternalista, en la literatura de los autos de procesamiento, etc, etc.
Cuando se consigue tener esto cerca del año 2000 y dentro del Mercado Común, uno tiende a pensar que tiene como hombre de teatro a la diosa Talia a su lado.
Es casi imposible tener una visión distanciada sobre uno mismo para saber donde se encuentra, pero según los protestantes evangelistas, Dios da algunos signos a los elegidos durante su vida para que no se desanimen, pues bien, a los hombres de teatro también nos llegan signos para saber si estamos en el recto camino: a fulanito le gusta,... muy mal, a este no le gusta..., estamos bien orientados, nos dan un Premio Nacional..., fatal, un cargo artístico..., muertos, los intelectuales se aburren..., fantástico, la crítica se pone histérica ante el "bodrio"..., genial. En fin, no siempre son científicos estos datos simplistas pero observados en relación a los acontecimientos históricos resultan estadísticamente bastante fidedignos, por lo menos, no tenemos otros mejores para utilizar como barómetro, y es que sin lugar a dudas a Els Joglars los han hecho, sobretodo, sus numerosos y variados detractores, "dime que detractores tienes y te diré quien eres".