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Sobre
los actores
No
son especiales ni diferentes que los demás, cambian. Ser actor
de Els Joglars es emprender el largo viaje de aprendizaje. Los actores
tienen su código. La convivencia hace que sea así. Y ésta
es la que ha ido definiendo el perfil del actor de Els Joglars: sin complejos,
individualista, defensor de su trabajo, generoso con los compañeros,
tozudo con su trabajo, comedido en las intervenciones, no exento de exhibicionismo
pero con dosis de humildad, luchador, guerrero, no adulador, próximo,
desconfiado, bon vivant. Son los pigmentos de Albert.
Algunos han dejado la banda y otros la han renovado. Los nuevos se integraran
al grupo y a una disciplina basada exclusivamente en la responsabilidad
individual del actor. Muchos tienen muchos años de experiencia
de trabajo con Albert. Hoy, el que menos ya lleva cuatro años.
Y por eso los más veteranos, cuando Albert insinua algo, ya lo
ven venir. Es curioso observar como a veces se comunica sólo con
una mirada, una comunicación casi telepática.
Prefacio del primer volumen de las obras de Albert Boadella
Lluís Elias, ayudante de dirección de Els Joglars
Els Joglars
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LA
CÚPULA
El
espacio de los ensayos es una cúpula de poliester situada
al lado de la iglesia y cementerio de Pruit. Este lugar sagrado
es una colina elevada desde la cual se divisa en las cuatro direcciones
el entrono mágico del Collsacabra. Como no se aguanta con
ningún elemento de sustentación, la cúpula
permite un espacio redondo, totalmente limpio, sin ninguna orientación
privilegiada, lo que configura un correlativo espacial al método
de trabajo, que tampoco no empieza con direcciones marcadas. La
cúpula es un vacío como un vientre creativo preñado
de posibilidades que irán surgiendo de la improvisación
de los actores.
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La
existencia y las características de este espacio dan claramente
la medida de la importancia del espacio en el trabajo de la compañía.
O dicho de otra forma, la cúpula revela la especial sensibilidad
de Albert Boadella hacia el espacio. Y no me refiero ahora a su sensibilidad
hacia los espacios de sus montajes y a su refinamiento escenográfico.
Hablo de la importancia que ha dado siempre al lugar de la creación.
La cúpula geodésica es un recinto construido a partir del
núcleo real donde tiene que surgir el drama: el actor. Limpia,
al empezar un proceso de creación, el espacio produce un gran interrogante
y a la vez una maravillosa confluencia de múltiples posibilidades
espaciales de interacción. Se trata de un espacio sin acotaciones
de entrada que determinen el lugar del juego escénico ni la perspectiva
visual de quien tiene que conducirlo con doble alma de taumaturgo y espectador:
es decir, del director. El mundo externo desaparece cunado conviene, pero
la constante evidencia del dispositivo tecnológico que también
es la cúpula, mantiene la realidad temporal saludablemente próxima.
Un dispositivo tecnológico que puede acoger todas las etapas del
proceso. Desde el vacío inical hasta la progresiva acotación
espacial, la introducción de elementos y la incorporación
de la iluminación y del soido cuando sea necesario. De hecho, de
la cúpula geodésica de Els Joglars salen los espectáculos
acabados y ensayados hasta el último detalle artístico y
técnico (difícil separación en esta factoría)
y a punto para ser cargados en los camiones que los llevarán a
su primer destino.
Que los espacios donde se crea un espectáculo condicionan con su
atmósfera y sus dimensiones muchos resortes de la invención
de los actores y de los directores, es una hipótesis de demostración
muy probable a la vista del diseño del espacio de trabajo de Els
Joglars. Las condiciones de frontalidad, de tridimensionalidad real, de
verticalidad de un espacio determinan más de lo que puede parecer
la invención dramática. Dejando la imaginación a
un lado, el espacio físico condiciona la disposición física
de los creadores.
Las condiciones físicas que uno determina para el trabajo dice
mucho del concepto que uno tiene de este trabajo. Uno puede apreciar hoy
en los distintos espacios diseñados ya expresamente para el trabajo
teatral en nuestra casa, a menudo con muchos medios, una buena distancia
conceptual con el de Boadella. Entre la cúpula geodésica
en medio de la naturaleza y, por ejemplo, las aulas de interpretación
del nuevo Instituto del Teatro de Barcelona, ubicadas en un subterráneo
cuatro pisos por debajo del nivel de la calle, sin ninguna conexión
con el exterior cercana, hay una visión distinta del tempo de la
creación. Entre la caja negra que situa a les actores siempre bajo
el poder de los proyectores, y siempre con la proximidad de una pared,
de un fondo tangible, como es el caso de los espacios dedicados al teatro
del estrafalario diseño de una de las escuelas de arte dramático
más importantes de Europa y el espacio luminosos y direccionalmente
nada coactivo de la cúpula de Pruit, hay un abismo en la posibilidad
de encuentro del tempo creativo propio del actor y del director.
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Viendo
el trabajo de creación dentro de la cúpula uno no
puede evitar pensar que efectivamente aquella clase de hábitat
de extraterrestres de serie B es un buen lugar para recrear el mundo
con una perspectiva distante y a la vez serisamente implicada. Con
una distancia, por qué no, de estación espacial, con
Els Joglars revisando el mundo dentro de la cúpula, perplejos
como los astronautas de la MIR cuando se quedaron sin país
mientras daban vueltas a la Tierra. Viendo el mundo como algo eventualmente
lejano que va cambiando para continuar, si Dios quiere, igual o
peor.
Els
Joglars/Espais. Joan Abellan |

EL LLORÀ
Con
los años, el complejo de trabajo de Els Joglars se completó
con la puesta en marcha de una residencia en la misma zona de la cúpula,
donde el equipo se concentra durante los períodos de creación
de espectáculos. El Llorà, con habitaciones confortables,
lugares para el ocio y para reuniones de trabajo, con un gran espacio
abierto a su alrededor para el relax y el deporte, ha convertido a Els
Joglars en un punto de referencia internacional. En el Llorà, els
Joglars han inpartido cursos y hasta han realizado, como veremos en capítulos
posteriores, simulacros dramáticos hiperrealistas de cosas relacionadas
con algunos montajes de la compañía.
Compartiendo en el Llorà la vida cotidiana de los miembros de els
Joglars en épocas de creación uno capta el valor del tiempo
y del espacio como elementos “naturales” para la regulación
de la energía mental y física que predispone a la disponibilidad
que pide su método de trabajo.
Els Joglars/Espais. Joan Abellan
"Al
llegar al altiplano del Collsacabra, la carretera desciende suavemente
hacia Rupit; tres kilómetros antes de llegar al pueblo, al inicio de un
amplio camino a la izquierda, hay un cartel que indica El Llorà. El camino
se introduce de nuevo en el bosque, hasta que se hace un claro y aparece
una espléndida mansión rodeada de enormes abetos, cedros y secuoyas.
A principios del año 83 el Bufón recibió la oferta de compra de esta finca
por mediación de un hijo de la propietaria con el que mantenía muy buena
relación. Fue la abuela de éste, Doña Tecla Sala, una acaudalada viuda
con grandes negocios textiles, quien encargó al arquitecto Francesc Folguera
su construcción, culminada el año 1935, así como toda la ordenación del
terreno circundante, que fue transformado en un inmenso parque.El
arquitecto, hombre de vastísima cultura, autor años después de la mussoliniana
fachada de la basílica de Montserrat, se inspiró para este encargo en
las teorías y trabajos de su colega checo, Adolf Loos, no escatimando
medios hasta lograr la más confortable, y al mismo tiempo austera, realización
de una casa. El diseño de sus estancias y servicios es un prodigio de
sensatez. El Llorà está construido sobre una pequeña elevación de terreno,
lo que le proporciona una incomparable panorámica desde el macizo del
Montseny al Pirineo. Su fachada trasera preside una amplia avenida de
césped, con pequeños estanques en el centro e hileras de majestuosos cedros
a ambos lados del espléndido paseo. Al fondo de esta maqueta de Versalles,
se encuentran la pista de tenis y la gran piscina entre los abetos."
(...)
"Hasta entonces la compañía había ido alquilando diversas
viviendas de la zona para alojar a sus miembros; en adelante,
El Llorà cumpliría la misma función, pero ahora de forma absolutamente
perfecta. La casa parecía especialmente diseñada con este objetivo:
cada una de las doce amplias habitaciones disponía de su propio
servicio; había numerosas salas de reuniones, un gran comedor,
taller, etc."
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(...) "En vez de entrar en la casa por la puerta principal,
Jesús nos hizo pasar intencionadamente por la entrada de la cocina;
una vez dentro disertó sobre la importancia de aquel lugar de
fogones y cazuelas, relacionándolo directamente con el buen funcionamiento
del grupo. Allí se congregaba toda la tropa después de los ensayos,
un poco apretujada debido a las limitadas dimensiones de la cocina.Entre
el trajín de platos que Montserrat, la responsable de la casa,
iba elaborando, se armaba la tertulia, aderezada siempre con sarcasmos
sobre cualquier tema que oliera a trascendencia, aunque esto no
impedía que todos aquellos escépticos en cualquier otra materia
no depusieran su actitud ante la trascendental ingestión de un
buen vino o de las excelsas longanizas de la última matanza de
cerdo. La ligazón del gusto por las buenas recetas con las veleidades
intangibles de la escena era una garantía de equilibrio muy bien
compensado, incluso llevaba implícita una clara militancia de
la compañía. Era, pues, tan importante el almuerzo, como el ensayo
que acababan de hacer en la cúpula."
Memorias
de un Bufón. Albert Boadella |

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Siempre
que veo trabajar a Albert pienso que utiliza el mismo procedimiento que
el pintor. Observa, meticuloso, la profundidad del tema escogido desde
todos los puntos de vista y dibuja esbozos sobre la realidad analizada
antes de decidirse a transformarla en arte sobre una tela. Pinta y compone
como nos podemos imaginar al artista impresionista: desde la escena, para
conocer mejor su naturaleza, su música, su luz, su atmósfera,
implicándose con los actores, nunca desde la soledad del escritor
encerrado en un estudio delante de un papel o de un ordenador. Cada escena
acaba siendo un cuadro realista, y toda su obra, una sinfonía.
Sobre
el método
Para
que todo el mundo pueda entender la forma como Albert trabaja las dramaturgias
con los actores, ha llamado a su método: método emergente.
Lo ha intentado explicar gráficamente a partir de una espiral:
girar alrededor de un punto en concreto con la intención de ampliar
las posibilidades para volver a concretar de nuevo. Lo ha comparado con
el proceso deductivo del personaje de Georges Simenon, el comisario Maigret:
investigar un tema, desmenuzarlo en mil trozos, registrándolos
uno por uno y buscando pistas con las cuales encuentra pruebas que daran
sentido a su discurso. Y ciertamente es así como trabaja, y cuando
dice que su método se basa precisamente en no tener método,
es la definición que mejor encaja con su manera de hacer y de ser.
Una filosofía fundamentada en la experimentación. Prueba,
jugando. Se da cuenta de los errores. Duda. Busca. Excluye y renueva,
hasta que surge el hallazgo. Al descubrir la síntesis, emerge la
poética.
Prefacio del primer volumen de les obras de Albert Boadella. Lluís
Elias
MÉTODO
EMERGENTE
Nuestra
manera de construir una obra es esencialmente antitrágica. En la
tragedia actúan unas fuerzas colosales, unos engranajes imparables
y precisos que empujan al hado o al destino según la ley inexorable
de las parcas. El hombre comete una acción, consciente o casual,
un error o un deseo, movido por las pasiones o arrastrado por la ignorancia
y, una vez realizado el hecho, la fuerza del hado desencadena las consecuencias.
Todo continúa después como una deducción matemática
o el recorrido de una máquina desenfrenada.
Generalmente en nuestras obras no hay fuerzas concatenadas de la acción
ni tampoco ninguna ley universal por encima de los personajes. Partimos
muchas veces de la situación como unidad elemental de nuestro teatro,
ésta es como la célula del cuerpo de la obra. Así,
de la misma manera en que el científico puede deducir todo un mundo
a partir del microcosmos, nosotros tratamos de elaborar lo mismo a partir
de una acción, unas palabras o un gesto.
Nos sentimos, por lo tanto, más próximos al proceso musical
o pictórico que al procedimiento literario tradicional, especialmente
cuando éste sirve de núcleo de la obra teatral, imponiendo
la primacía indiscutible de las palabras por encima de otros lenguajes
escénicos.
Albert
Boadella
SOBRE
LOS TEMAS DE LAS OBRAS. EL RITUAL OLVIDADO
Apartado
de la Babel infernal, a medio camino entre el mundo divino y el terrenal,
Albert mira hacia arriba y muerde. Y si echa un vistazo hacia abajo, sin
compasión, zarandea para estimular a andar hacia aquello imposible.
Este es el eje alrededor del cual giran los temas de las obras de Albert
Boadella: el poder y la libertad individual. Después buscará
la manera de materializar estos dos conceptos. Busca un tema, escoge un
personaje o una situación y, a partir de una anécdota, organiza
todo ese universo para hacerlo comprensible. El resultado es una obra
de teatro que intenta incidir en el subconsciente colectivo para liberarlo
de su angustia. Sólo eso. Así de complicado.
Temas que rechazan el psicologismo para acercarse a la radiografía
de los comportamientos sociales. No se trata de hablar de nosotros mismos,
de nuestros ombligos, de nuestros miedos, de nuestros deseos, de una moralidad
escondida, sino de saber dónde se encuentra la enfermedad del mundo
en el que vivimos y hallar algún antídoto: la sonrisa. Ataca
directamente las estructuras aparentemente sólidas para demostrar
que son más débiles de lo que creemos. Y no las destruye,
sólo demuestra su fragilidad. El nacionalismo, el genocidio, el
progresismo, los ritos religiosos, la justicia... temas universales, temas
“peligrosos” y, por lo tanto, considerados intocables. Y ríe,
ríe como un artista. Esto ha hecho que el teatro de Albert Boadella
conserve lo que parecía olvidado: el ritual. El teatro como arte
comunitario. Un teatro que, como arte que es, provoca y nos permite conectar
con nuestra sociedad para descubrir lo que esconde. Nada que ver, pues,
con un efímero entretenimiento. Si el arte del teatro avanza paralelamente
a nuestra sociedad, y esta agoniza, el teatro se refleja en ella. No hace
falta despuntar en modernidades para mostrar la vanidad y otros “productos”
humanos, se trata de considerar que el público también sabe
reírse de sí mismo. Una tragicomedia. El sentido del humor
como termómetro de la inteligencia de un país.
Prefacio del primer volumen de las obras de Albert Boadella. Lluís
Elias
La
comunicación, el sentido de la vida, la tragedia, la competividad, la
relación de pareja, el bandolerismo, la justicia, la destrucción del planeta,
los mitos mediterráneos, el progresismo, el poder personal, las
psicopatologías cutidianas y las debilidades humanas, las religiones,
los tópicos nacionales, los poderes fácticos, el genocidio
de la conquista de América, el teatro, el nacionalismo, el artista,
el arte... Difícilmente encontraremos una variedad y una ambición parecida
en nuestra dramaturgia contemporánea.
(...) Los argumentos y los personajes de Els Joglars suelen buscar conceptos
simples. En general, pero detrás de la idea argumental o del personaje
más o menos esquemáticos que un espectáculo de Els
Joglars pueda recrear, hay siempre una visión profundamente universal
de los mecanismos de alienación social sobre los cuales se alimenta y
se perpetua el poder.
El
teatro de Els Joglars habla del poder a través de todas las variantes
de opresión que ejercen unos individuos sobre otros, unas ideologías
sobre otras. Y lo hace casi siempre mostrando el poder en términos
de fraude irrisorio.
(...) es en la insistencia a alternar temas donde encontraremos una de
las características notables de su trayectoria. También podemos otorgar
el estatuto de característico al gusto recurrente para hacer confluir
las distintas líneas temáticas en el fondo de un mismo argumento.
Esta tendencia a una dramaturgia temáticamente poliédrica
tan propia de Els Joglars la veremos crecer espectaculo tras espectáculo
(...) Y otro factor no menos determinante en el estilo de Els Joglars
es la claridad ideológica con qué son abordados los temas
que tocan, por comprometedores que sean. (...) en los espectáculos
de Els Joglars el punto de vista de la autoría es transparente.
Cuando en alguna ocasión la crítica o el público han hablado de ambigüedad
ideológica, com pasó en Olympic Man Movement o
en Floit & Pla, la ambigüedad era en realidad el referente temático.
Els
Joglars/Espais. Joan Abellan
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