ENRIQUE HERRERAS
LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA LEY DE ELS JOGLARS

 

FRAGMENTO

Eso es lo que ocurre con Els Joglars: este grupo aristocrático y aldeano, sentimental y canalla, justiciero y pendenciero ha ido acumulando una multitud de seguidores, entre otras cosas, porque nunca ha habido una relación monótona entre escenario y espectador. Ni siquiera un matrimonio de conveniencia.
Se ha dicho muchas veces que a Buero Vallejo, en pleno franquismo, le salvó el público de las garras del franquismo. Algo parecido ocurre con Els Joglars. El grupo siempre se ha volcado, con mayor o menor acierto, con mayor o menor provocación, con mayor o menor finura, a la sociedad. Y siempre ha tenido cosas que decir en voz alta a su público, y a su "antipúblico".
Els Joglars se han ganado a los espectadores a pulso. De buen teatro, de buena carpintería, de choque de ideas. Y con una tempestad shakesperiana siempre por medio. Muchos ruidos y muchas nueces. Como Brecht, Boadella es un hombre de teatro "completo"; lo "teatraliza todo". Envidiable promiscuidad.
Ahora, después de lo llovido -en fabulosos espectáculos, en prodigiosos escándalos, en suntuosas escomuniones, en soberbios ametrallamientos, en furgonetas bien quemadas, en apoteósicos aplausos... -Els Joglars nunca han abandonado una sana intelectualidad y un estado erecto. (p. 56)