FRAGMENTO
Eso es lo que ocurre con Els Joglars: este grupo aristocrático
y aldeano, sentimental y canalla, justiciero y pendenciero ha ido acumulando
una multitud de seguidores, entre otras cosas, porque nunca ha habido
una relación monótona entre escenario y espectador. Ni
siquiera un matrimonio de conveniencia.
Se ha dicho muchas veces que a Buero Vallejo, en pleno franquismo, le
salvó el público de las garras del franquismo. Algo parecido
ocurre con Els Joglars. El grupo siempre se ha volcado, con mayor o
menor acierto, con mayor o menor provocación, con mayor o menor
finura, a la sociedad. Y siempre ha tenido cosas que decir en voz alta
a su público, y a su "antipúblico".
Els Joglars se han ganado a los espectadores a pulso. De buen teatro,
de buena carpintería, de choque de ideas. Y con una tempestad
shakesperiana siempre por medio. Muchos ruidos y muchas nueces. Como
Brecht, Boadella es un hombre de teatro "completo"; lo "teatraliza
todo". Envidiable promiscuidad.
Ahora, después de lo llovido -en fabulosos espectáculos,
en prodigiosos escándalos, en suntuosas escomuniones, en soberbios
ametrallamientos, en furgonetas bien quemadas, en apoteósicos
aplausos... -Els Joglars nunca han abandonado una sana intelectualidad
y un estado erecto. (p. 56)