El
diari se proponía denunciar la realidad de la España de
aquel momento, interpretando las noticias
de un periódico, tergivesadas con información tendenciosa
de obligada publicación, que la redacción recibía
de las agencias del régimen. Desde esta óptica, la representación
transmitía gráficamente el cinismo caradura de la versión
oficial de la vida del país, absolutamente falsa y ridícula.
Dentro de los límites que permitía la coyuntura política,
nacía así una concepción transgresora de la escena,
que marcaría para siempre el estilo del grupo. Pero lo más
importante residía en la peculiar forma de expresión empleada
para ello. Se había acabado la gestualidad del mimo clásico;
en su lugar, aparecía un expresionismo esperpéntico, subrayado
por un maquillaje máscara del mismo estilo.
(Memorias de un Bufón. Albert Boadella).
