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Blog de Albert Boadella

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Hoy viernes 27

27/11/2009 | Comentarios: 41

Creo en el cielo y en el infierno. En vida claro. Me desplazo por Madrid entre las extensas alcantarillas que acogen el metro y pienso en la exactitud de aquella sentencia de Dalí: “Todo hombre mayor de 40 años que viaja en metro es un fracasado” Supongo que el metro en sí mismo es el fracaso. Un trayecto idéntico bajo el cielo exterior ya no evoca de forma tan presente el transporte de ganado entre la oscuridad. Voy repasando a los viajeros y ciertamente llevan el fracaso marcado en sus rostros, es una derrota transitoria. Es muy posible que una vez en sus moradas, la mayoría alcance alguna forma de felicidad e incluso se rían a carcajadas con el conyugue, pero cada día les toca destinar un tiempo de su jornada para el descenso al averno. En el vagón hay quien me mira solidariamente entre fracasados, incluso alguno parece reconocerme y creo percibir un ligero destello de sorpresa como si se preguntara: ¿Que pinta este aquí? ¿No es de los que están por arriba? Tienen razón, no soy hombre de metro, como no lo he sido de avión que para mí es otro infierno.
Subo al exterior y penetro en el ámbito celestial. Empieza la representación del Piccolo Teatro de Milán con “La Trilogia della Villeggiatura” de Carlo Goldoni en los Teatros del Canal. Una sinfonía de inteligencia, arte y esplendida interpretación. Una joya de cuando el teatro tenía plena conciencia sobre su función moral mediante algo también imprescindible; la distracción y el esparcimiento del espectador. Gran ritual este del teatro, pensado para promover el cielo en la tierra. Después, en épocas recientes, se colaron algunos sicarios de Pedro Botero con la intención de bajarnos al averno mediante torturas mentales, aburrimientos cósmicos, sesiones depresivas, terapias personales a costa del respetable, además de otros suplicios que finalizaban siempre con un acto masoquista de gran efecto. La inacabable ovación. Lamentablemente todavía perduran.
Creo que fue Sartre quien dijo aquello de que “L’enfer c’est nous” Estoy en total desacuerdo. Existe el cielo y el infierno y tienen su lugar en la tierra.

Hasta el lunes… si Dios quiere 

Comentarios

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6 | Ricky Mango - 27/11/2009 - 09:54 h.

El nacimiento del Metro fue algo así como el bautizo de las ciudades como lugares inhóspitos: el momento en que sus habitantes dejaron de ser humanos para ser anónimos. Si no significara eso, ¿a quién se le podía haber ocurrido meter a la gente bajo tierra para que no estorbaran? Lo que reflejaba el Metro era el primer gran conflicto a gran escala entre el ser humano y la máquina, y la decisión de construirlo otorgaba, definitivamente, la prioridad al automóvil. Es curioso que esta sociedad contemporánea, que tanto se preocupa por el tabaco, la polución, el peso corporal, el cutis, el colesterol y hasta la ingesta diaria de agua no le dé ninguna importancia a esa experiencia nosferática que es el viaje en Metro.

Pero, ¿y viajar en automóvil? Los atascos, la búsqueda de un lugar para aparcar, los tiempos muertos de los semáforos, los golpes de claxon, las iras por el capullo ese que se me ha colado, los éxodos de los puentes, el seguro, los neumáticos, el aceite del motor, las multas, las abolladuras de la chapa... La prioridad del automóvil sobre el peatón tampoco ha resuelto el problema. Simplemente, lo ha distribuido.

5 | luigi - 27/11/2009 - 09:34 h.

El Gran Teatro del Metro.

4 | Venancio Buesa - 27/11/2009 - 09:25 h.

A mi, que soy un paleto de provincias, me gustaba mucho el metro cuando era un crio y me llevaban a Madrid. Y tenía un olor especial, raro, ..el olor a metro. El otro día lo volvía a coger y ya no olía asi.

3 | Faro de Progrería - 27/11/2009 - 00:45 h.

Y muchas mujeres en el metro con un libro parece que se sienten como en el seno materno... Me parece un aspecto admirable.

2 | Faro de Progrería - 27/11/2009 - 00:40 h.

Y ese ambiente de nihilismo fatal y de derrota que puede tener a veces me parece, en efecto, una especie de desafío infernal para mi mente... Una aventura muy estimulante, pero que hay que dosificar mucho, como las drogas peligrosas...

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