Se acabó. Ya no se puede fumar en ninguna parte. Hace tan solo unos cuantos meses dejé de consumir mis pequeños Cohíbas. No lo hice por ninguna causa sanitaria, ni propia, ni ajena. Mi decisión fue por puro sentido práctico, con la única finalidad de no sentirme violentado constantemente. Tampoco era un compulsivo, solo tres o cuatro diarios, me gustaba el sabor de los puritos pero no lo suficiente para mantener otro frente abierto. En este, admito mi capitulación ante el nuevo envite de una época de hipocresía e impostura de la que no parecen existir antecedentes históricos. Las instituciones primero marcando la pauta, y después, la masa bien domesticada siguiendo el ejemplo, se esfuerzan todos en exhibir una impudorosa exposición de fingimientos filantrópicos que deja como un neófito al famoso Tartufo de Moliere. Se trata del rasgo común que retrata un periodo en el que los ciudadanos hacen gala ante los demás de su infinita bondad, solidaridad, conciencia medioambiental, preocupación por el tercer mundo y fanática defensa de toda especie animal, especialmente gatitos y perritos, elevados al rango racional. En general, el artificio se reduce a un derrame de grandes palabras y términos altisonantes, cuyo objetivo esencial acaba siendo la denuncia y reprobación de los que no comulgan con este exquisito club de las simulaciones. Nuevas formas de inquisición.
Escudados en la defensa del nuevo orden puritano se imponen un sinfín de normativas, la mayoría, bajo el pretexto del bien común, rozan a menudo los límites de las libertades esenciales del ciudadano. Invariablemente van apareciendo cruzadas contra fumadores, bebedores, taurófilos, cazadores, contaminadores, machistas, mentes conservadoras o simples aficionados a la incorrección política. Es obvio, que a medida que la mediocridad invade el poder político, más normativas son necesarias para suplir la falta de criterio de cualquier dirigente. El resultado puede ser, en breve plazo, una nueva estructura de contenidos autoritarios encubierta en la aquiescencia general y el sufragio universal. En esa cuestión España está entre los grandes. La nueva dictadura de los buenos avanza sin tabaco y con el cinturón de seguridad bien abrochado.
Hasta la pronto... si Dios quiere
Por supuesto, los bares de cigarros tendrían derecho de admisión. En el mío tendría prohibida la entrada doña Aida. No por nada, sólo para que no intoxicara el ambiente o viniera con malos humos...
La cuestion es hasta que punto tu libertad atenta contra la mia, es verdad que proliferan nuevas normativas que introducen o acaban creando habitos de comportamiento, no obstante uno puede controlar hasta que punto le influyen pues es consciente de ellos. Cada uno puede hacer con su cuerpo lo que quiera ¿es mi cuerpo el tuyo? ¿Tienes tu potestad para obligarme a respirar algo que no elijo? en caso de recintos cerrados, el no fumador posiblemente tenga menos libertad que el fumador. Respirar para mi es una necesidad biologica desde que naci, para ti que fumas de motus propio se ha convertido en una necesidad porque lo elegiste. Atente a las consecuencias.
Cohíbas: un nombre premonitorio para una marca de tabaco.
Se podría formar un partido político de fumadores. Fumadores por el Progreso y la Ciudadanía, o Unión, Fumadores y Democracia, me gusta. Habría que empezar a operar desde la clandestinidad, claro, pero la aventura de la libertad siempre merecerá la pena. Y de paso también reivindicar que haya vagones de tren y de Metro para gente que no se ducha o no lleva la ropa lo sufucientemente limpia.. Pero lo que no me cabe en la cabeza es cómo puede ser ilegal abrir locales y salones para fumadores si no está prohibido fumar en la calle o en el domicilio privado. No tiene ningún sentido que haya bares de copas y sean ilegales los bares de cigarros. cuando no se conoce ningún accidente de tráfico por estar bajo los efectos del alquitrán y la nicotina y, desde luego, no todos los borrachos son soportables, algunos, incluso, son un peligro público...
Señor parro ¿y por qué tengo yo que tragar el CO de su coche, el CH4 de sus pedos, el CO2 de su respiración, el repugnante olor de su desodorante con feromonas, y así...?
La gente parece cogérsela con papel de fumar, pero no luego no se limpian las manos al salir del WC.
Puestos a ello prohibamos los servicios en los locales públicos. No tengo yo por qué compartir miasmas con los incivilizados. A mear a casa ! Y lo otro cada 15 dias con sacacorchos.
Seguro que se me courren más ideas a poco que me esmere.
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