La noche era realmente calurosa, de papel secante. Estaba solo y decidí alargarme sobre una tumbona acariciando con los pies descalzos la hierba del pequeño prado de delante la masía, con la esperanza de ser alcanzado por un golpe de aire fresco. Por la ventana me llegaba la luz de la bombilla de la cocina que junto con la luz pálida de la luna, hacía que las paredes de la casa, las plantas y los árboles tuvieran una sombra fantasmagórica que se alargaba sobre el prado. Con esa luz, la escalera de piedra que a través de los años se ha ido ladeando sobre un costado por haber cedido el terreno y que sirve para descender a otro prado inferior, parecía el esqueleto abandonado de un gran animal pelado y relamido por los buitres. Desde mi posición contemplaba la noche y escuchaba sus sonidos: el guitarreo de los grillos, los ladridos lejanos de los perros, el canto de algún pájaro y la música lejana de las primeras películas de Charlot cuando trabajaba para la Keystone. El dvd seguía encendido en el salón y no tenía ganas de levantarme para ir a pararlo. Xina, mi gata, iba ronroneando con la cola levantada dando vueltas peripatéticas a mí alrededor. Notaba como iba rozando con su cola mi mano caída y relajada. Cuando le parecía bien, paraba de dar vueltas y descendía por la escalera ladeada al prado inferior, desapareciendo de mi vista. Después de un corto espacio de tiempo, mientras yo seguía tumbado apurando mi cerveza, la gata volvía a aparecer subiendo por la escalera parsimoniosamente, primero se veía la punta de su cola, luego el lomo color canela y después emergía todo el cuerpo. El animal tiene en la cara una mancha de color negro que junto con sus orejas del mismo color le dan un aire de embozado felino. El caso es que continuaba todo con la misma dinámica, la gata se acercaba y volvía a dar vueltas y vueltas a mí alrededor refregándose en el chasis de la tumbona, mientras yo le hacía comentarios empleando un tono de voz parecido al que se utiliza al hablar con los sobrinos pequeños o los nietos, caso que se tengan. La noche densa parecía haber refrescado por una gratificante chispa de aire fresco, la música de Chaplin continuaba mezclada con toda la sonoridad animal circundante y allí tumbado sin dormirme me entró una especie de pesantez en los ojos muy agradable, un estado de droga beatífica y agradable. Me dediqué a ver sí por casualidad pillaba la caída de alguna estrella fugaz, ahora que aún es temporada, mientras de refilón observé como de nuevo mi gata volvía a subir otra vez por las escaleras ladeadas con el mismo orden de antes: primero la cola, luego el lomo y después todo el cuerpo. El animal dio unos pasos y se quedó quieto olfateando unas lavandas que es el sitio habitual donde ella se pasa horas y horas durante el día durmiendo dentro de una de esas plantas olorosas, porque no le da el sol y el aire refresca en su punto justo. Esta vez tuve la sensación de que su cola parecía más larga y el cuerpo también más largo y grueso; aunque el color era prácticamente igual, pero las patas… eran más largas y tenía una boca de tiburón y encima una nariz acabada en punta. La verdad es que me quedé mirándola todavía un instante más, intentando encontrar una explicación del cambio tan rápido que había experimentado mi gata. De repente un gran escalofrío me aguijoneo el cerebro, me levanté de golpe y con furia empecé a dar palmadas gritando desaforadamente y dando patadas al aire, el animal que estaba olisqueando dio un brinco y rápidamente huyó a toda velocidad, pero lo más sorprendente es que detrás del zorro salió la mismísima Xina como una centella persiguiéndolo como si fuera un fiero perro mastín del pirineo y durante la refriega de la huída pude oír los gruñidos roncos del zorro enrabietado por el implacable acoso de la gata. Después del gran barullo volvió la música de Chaplin y toda la sonoridad de la noche. De pie, en lo alto del prado tuve la sensación de que el zorro en un simple movimiento de giro, casi ni queriéndolo, habría partido a la insensata Xina en tres mitades como si fuera una barra de mantequilla. Una gata de-construida por la ley de la naturaleza. Pero no, encima de sus almohadilladas patas la Xina, toda entera y compacta, volvió a subir por las escaleras con el mismo ritmo parsimonioso de siempre, se sentó a mi lado sobre sus dos patas traseras y maulló delicadamente y con cierta indiferencia.
Comentarios
Total: 2
2 | Raquel - 27/08/2012 - 09:14 h.
Yo diría que la noche fue enteramente de Xina, porque menuda aventura la que vivió con el zorro en la que debería ser una tranquila noche del caluroso verano...
1 | ElFO - 26/08/2012 - 02:07 h.
Se ha superado usted a si mismo.