Señores, esto de los sexshops pasa como los apellidos más usuales y comunes; los García, los Sánchez, los Pérez, y los Fantasías están por doquier. En Sevilla existe, como no, otro sexshop Fantasías, en un pasaje de la calle Sierpes. El pasaje ofrece un alivio cuando aprieta el despiadado calor sevillano que en estos días en que deambulo por sus calles y teatro Lope de Vega, aprieta a los ciudadanos más que Bankia . La ventaja es que las señoritas desenfundan carne; y algunas carnes son de gran calidad. El sexshop en cuestión esta bien presentado, el ambientador se diría que no ejerce; el local parece ligeramente perfumado con aires de manzanilla. Las paredes son de color rojizo y los productos muy bien presentados. Abundan los dvd,s de osos gai, rama descarriada del famoso oso Yogui de nuestra infancia. Los dvd,s de lluvia dorada mantiene el tipo frente el amanecer dorado de las bestias de las pasadas elecciones griegas. Hay diez cabinas colocadas en batería, y delante de ellas montan guardia señores con cara de lubricante esperando turno. Un señor con jersey de lana y pantalón de pana, salió de la cabina con total tranquilidad y sin sudar una gota. En la calle le esperaba una temperatura de casi 30 grados. Claramente un estoico. El señor sexshopero me preguntó si deseaba algo en especial. Le pregunté que hacían aquellos señores de pie delante de las cabinas esperando como en la consulta de la seguridad social. <Ah! esperan su turno para entrar> Hombre, las visitas en las cabinas de la seguridad social duran mas o menos el tiempo que alarga una moneda echada en una cabina de sexshop, pero aquellos tipos aunque las cabinas quedasen libres, no entraban. Allí los dejé plantados, mitad estatuas de sal y mitad gárgolas de mal agüero.