El error en la velocidad de los neutrinos dentro del experimento nuclear europeo “Opera” por culpa de un cable mal conectado me ha provocado cierto desaliento. El maldito cable es responsable de que Einstein siga teniendo razón y que los neutrinos no puedan circular a mayor velocidad que la luz ¿Cuánto tiempo tardaremos aun para que podamos ser observados por nuestros descendientes de los próximos milenios? Pero también les prevengo que el cable mal conectado me ha suscitado algunos recelos. A la vista del personal que protagonizaba el ensayo, un personal con currículos interminables, enfundado en sus batas blancas y mostrando siempre semblantes displicentes ante la magnitud de la prueba, parecía del todo imposible semejante pifia casera. Sin embargo, debo manifestarles que sobre los técnicos que manejan cables y electrónica de alta gama hace muchos años que mi confianza tampoco es ilimitada. Concretamente, desde que a principios de los setenta Joglars participó en una larga serie para la Nordeutcher Rundfunk (Televisión de Hamburgo)
Una vez pasado el tiempo de prescripción se puede hacer pública una fechoría protagonizada por nuestra insigne compañía pero muy reveladora sobre el tema de los cables mal conectados. Cuando nos sentíamos cansados después de muchas horas seguidas de rodaje, nosotros mismos nos organizábamos una pausa a base de penetrar sigilosamente en una dependencia repleta de cables y complejos instrumentos con sus respectivos enchufes, entre los cuales, discretamente, desconectábamos lo primero que nos venía a mano. Hay que precisar que se trataba de una primicia en cuanto a series de televisión en color en la Europa de aquellos años y los artilugios eran todavía muy novedosos. No siempre teníamos éxito en el estrago pero la mayoría de las veces, pasados unos instantes del sabotaje, aparecía el batallón de ingenieros con bata blanca y semblante altanero, armados de complicados aparatos de verificación, mediante cuyos artilugios se ponían a manosearlo todo menos lo esencial. La consecuencia inmediata era el altavoz del estudio anunciando la deseada pausa técnica que duraba el tiempo necesario para tomarnos un café y volver sin prisas a restituir discretamente la conexión. Naturalmente, la sesión se reorganizaba de nuevo como por arte de encantamiento y los doctos especialistas de la bata blanca se apuntaban el mérito ante el director argumentando complejas explicaciones sobre el fallo técnico ¿Quién puede asegurar que el cable desconectado de los neutrinos no escondía razones parecidas?
En cualquier caso, el fracaso de los neutrinos por su falta de velocidad, me ha causado gran desesperanza ¿Deberemos esperar aun mucho tiempo para poder comprobar de manera tangible la teoría cristiana de la resurrección de la carne? ¿O se trata simplemente de una demora circunstancial provocada por un suizo cabreado con su horario laboral? ¡Así va el mundo!
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