A la vista de los resultados de las últimas elecciones y al margen de todas las especulaciones posibles, podemos extraer dos realidades muy concretas. La primera es que en Vascongadas hay 284.528 individuos que bajo las siglas AMAIUR dan testimonio con su voto de la solidaridad con una larga historia de atentados y crímenes. No es nada nuevo pero a la vista de los datos hechos públicos es una constatación evidente.
La segunda realidad es que bajo las siglas PACMA se demuestra que en España hay 101.557 gilipollas seguros. Resulta incuestionable que bajo la gravedad de los momentos que vivimos en este país y concretamente con varios millones de personas en situaciones límite, votar un partido que centra toda su atención en las condiciones de vida de los animales, ya sean perros falderos, gatitos, toros de lidia o mosquitos exterminados, no tiene más explicación que unos sentimientos desnaturalizados o de una gilipollez monumental. Como soy de natural optimista me inclino por la segunda hipótesis. Claro que todo el mundo tiene derecho a votar lo que le plazca o a no votar nada, faltaría más, la misma libertad que me asiste para analizar los datos y extraer conclusiones objetivas.
Yo he votado por primera vez, y a pesar de cómo está el panorama político, de una ley electoral en la que unos son más iguales que otros, y de una crisis política y económica sin precedentes... lo he hecho con ilusión. Mi voto, dirán lo que sea, ha servido: el partido en cuestión ha quintuplicado sus escaños y casi saca grupo electoral. ¡Lo último que se pierde es la esperanza!
Genial constatación. Es lo único seguro que han llevado estas elecciones. Lo demás era previsible
Me ha tocado sufrir estos intolerantes en los alrededores de algunas plazas de toros. Insultan a todo bicho viviente con una agresividad que acojona. Ante ellos siempre me pregunto ¿quien son los violentos?
Mala gente esta que pretende dar lecciones de moral a base de agredir verbalmente al que no comulga con lo suyo. Ya los sufrimos con el nacional catolicismo y ahora se han cambiado de uniforme.
De acuerdo, pero ¿qué tal si hacemos una reflexión más amplia en torno a los recientes resultados electorales? ¿Por qué la hegemonía? ¿Por qué la supremacía? ¿Cuánto vale un voto en uno u orto lado? ¿Quién tiene la manija? ¿Saldremos de esta? En fin, volvemos a lo de siempre… ¿O mejor hablar de otras cuestiones?...
El término más adecuado para los animalistas, además de gilipollas, podría ser viles impostores y fabricantes de simulaciones filantrópicas. Unos hipócritas que se han inventado una especie de religión para poder ejercer de inquisidores. He conocido unos cuantos y me han parecido gente muy peligrosa que se refugia en este tipo de coartadas misericordiosas para mostrar su desprecio a cualquier ser humano. En el fondo quien nos equipara al animal lo que pretende es insultar a hombres y mujeres.
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